20 oct. 2012

Dobles

Susurro, de Carlos Pujalte
 















Se avalancha sobre él, mientras yace en la agonía; mediante el esbozo de un jadeo que cubre el mármol, incluso el suelo, finalmente deja ver algún destello de su vida, tan pequeña y débil en esa noche, llena de susurros y ronroneos, celosos y multiplicados. 

Le grita que viva, más que por pudor o miedo, porque su necesidad de sincerarse es más alta que su respeto por el mundo de otros: para ella no hay muchos como él.

Alexandra Perdomo (octubre, 2012)