1 ago. 2011

Stop the trial

Alexandra Perdomo
Maracaibo, julio 2011
   
Pink Floyd, más que música, es una máquina filosófica que agrega melodía a la poesía que sale de la pluma de Roger Waters y David Gilmour. 

Un viejo amigo, sorprendido por mi afición a la banda, me ha preguntado cómo es posible que actualmente los escuche si fue formada en los 60, y yo nací en los 90. Como pasa con algunos libros, con algunos autores, hay agrupaciones que no pasan de moda, y su fama o su éxito no dependen de cuántos años tienen en la escena musical.

Entre las cualidades de Pink Floyd, destaca que cada disco cuenta con un amplio contenido semántico, con canciones cargadas de mensajes temáticos variables de acuerdo a su contexto histórico. Sus temas tratan desde críticas políticas hasta los recovecos más existencialistas del hombre. Al intentar, siquiera, estudiar, analizar, comprender y desglosar cada uno de sus discos, obtendríamos como resultado una especie de biblia que pocos se dispondrían a leer, por lo que me limito a la gira y la película The Wall, el undécimo álbum, uno de los trabajos más emblemáticos de la banda.

Además de haber sido precursores del «rock psicodélico», Pink Floyd fue la primera banda —en su gira The Wall, entre 1980 y 1981— en emplear pantallas y marionetas gigantes sobre el escenario.

El concepto del disco y la temática de la gira fueron, principalmente, creados por Roger Waters, luego de haberle escupido a un fan agresivo durante un concierto, lo que lo agobió y le conllevó a idear una estrategia que aislara a la banda de los asistentes, o a él mismo, tomando en cuenta que Pink Floyd había llegado a los topes de la popularidad, y Waters, aparentemente poco amigo de la fama, se sentía reprimido y abrumado por el fanatismo.

Fue así como surgió la idea de construir un muro alrededor del escenario mientras se desarrollaba el concierto, limitando a los asistentes a escuchar los acordes. Mientras el muro crecía, se iban proyectando secuencias animadas que, más tarde, servirían para la creación de la película Pink Floyd The Wall. Al final de cada concierto el muro era derribado.

En cuanto a la película, nos encontramos con que también tiene como protagonista a Roger Waters, pues está basada en varios aspectos de su vida personal.

Pink Floyd The Wall
Es el relato de «Pink», una estrella de rock mentalmente enferma a consecuencia de consecutivos traumas que sufre. La vida del personaje tiene ciertos puntos claves, a partir de los cuales se desarrolla la trama de la película. La Desgracia: su padre muere antes de su nacimiento, en combate, durante la Segunda Guerra Mundial, lo que conlleva a la sobreprotección de su madre (Mother). El Abuso: la educación británica es controlada por la opresión y Pink padece las arbitrariedades morales de su maestro, quien —durante la clase— se mofa de sus inclinaciones literarias, y comienza a gestarse en Pink aberración y resentimiento contra la sociedad (Another Brick In The Wall). La Desdicha: al crecer, Pink se convierte en un importante y reconocido artista, recurre a los excesos y empieza a perder el control de su vida. Se enamora de una mujer con quien convive y mantiene una relación «estable» durante un tiempo. Al sentirse abandonada, deserta del consorcio y se relaciona con otro hombre. Pink cae en el abismo que destruye su seguridad (Don’t leave me now).

Esta serie de hechos construyen un muro entre Pink y el mundo. El muro lo protege de los daños que pueda causarle la sociedad, y le evita el infortunio del encuentro convencional con la realidad. Pink se sume en una fantasía. Su imaginario lo convierte en un dictador fascista, la antítesis de lo que es. Detrás del muro, teme por sí mismo, empieza a autodestruirse, fantasea, imagina, se gobierna… enloquece.

Un juicio ficticio simboliza el final de su «vida». Por sus faltas a la «ley» ―el sufrimiento que ocasionó a su madre y a su esposa―, es condenado a existir nuevamente en el mundo real. Derrumbándose el muro, Pink es obligado a salir de su corriente fantasiosa.

«…Since, my friend, you have revealed your deepest fear,
i sentence you to be exposed before your peers. 

Tear down the wall!
»
-The Trial

Una película llena de crudas y toscas imágenes que desestabilizarían una mente no apta, que desembocan en una serie de ideas acerca del mundo. Cada canción es descifrada, cuidadosamente, con las escenas de la vida del personaje y algunas otras con animaciones —como ocurre con el tema Goodbye Blue Sky. A partir de lo visual, se concluye que la película y el disco guardan críticas políticas, sociales, históricas, y pueden apreciarse las distintas percepciones de la realidad: a través de la óptica de Pink, detrás del muro; y del resto de la humanidad, fuera del muro.

Bien podríamos identificarnos en los ojos de Pink, quien desea individualidad y «libertad», y es juzgado por una sociedad que lo condena a una vida miserable. Con las posibilidades agotadas, prefirió vivir cómodamente adormecido (Comfortably Numb), pero permanecer delirante, procurando vivir en una fantasía insostenible.

Aunque hayamos vivido otras guerras, nos gobiernen otros arlequines, el contenido del film tiene el mismo significado. La humanidad sigue siendo igual, o peor.

Banda innovadora, capaz de representar con canciones una realidad irrefutable, angustiosa y decadente, Pink Floyd nos avienta a la realidad con un sutil golpe en el rostro. Tal vez sea esto lo que baste para que alguien —no sé si mi interlocutor original— entienda mi afición.

«Al otro lado del río»

Alexandra Perdomo
Maracaibo, julio 2011
 
Aunque inicialmente se conoció como «rock en español» y su historia se remonta a más de 40 años, durante las dos últimas décadas lo conocemos como «rock latino». 

Entre los años 50 y 60, bandas argentinas y chilenas experimentaron con un género que vagaba sin nombre, e interpretaron grandes éxitos traducidos al español. Uruguay y Colombia incursionaron en diferentes estilos, como el «proto-punk» latinoamericano, pero esa sería otra historia. Era en España donde el rock tenía mayor repercusión, con cantidad de agrupaciones que, a mediados de los 50, inventaban la industria del rock.

Una de las bandas suramericanas más importantes fue «Los Impala», agrupación venezolana cuyo éxito repercutió en América y Europa, y primer grupo latino en grabar un álbum completamente en inglés, titulado «Los Impala and Their Music».

El guitarrista mexicano Carlos Santana y su banda se convierten, sin embargo, en los primeros latinoamericanos en promocionar el rock en español ante el mundo, cuando se presentan en el festival de «Woodstok» de 1969, y comparten tarima con lo más pesado de la industria, como Jimmy Hendrix, Janis Joplin y «The Who».

En 1986 comienza a ser publicitada la etiqueta «rock en español». Argentina se hizo líder con bandas exitosas en el continente. Desde la década de los 70, bandas latinoamericanas trabajan con temas propios, influenciadas por el pop rock, pero haciendo cosas «más pesadas», con contenidos ásperos que hicieron más visibles los dos lados del río entre Estados Unidos y América Latina.

«Pescado Rabioso» fue el nombre que recibió la banda argentina formada por Luis Alberto Spinetta, en 1971, luego de la disolución de «Almendra», su primera banda. Con letras hoscas atractivas a los más jóvenes, «Pescado Rabioso» dominó la escena. Pero la banda que cambió el rock argentino fue «Sui Generis», con Charly García y Nito Mestre. Su sonido y sus cargas líricas se convirtieron en el estereotipo. El dueto se separó y en 1978 Charly García forma parte de «Serú Girán», otro hito del rock argentino. Conocidos por su extraordinario poder de convocatoria, «Serú Girán» reunió, por primera vez en Argentina, a más de 60.000 personas en un recital. Otro hito es el de León Gieco quien, con gran éxito, incursionó y mezcló el rock con el género folclórico de Argentina, aún vigente.

A mediado de los 80 e inicio de los 90, el rock en español se convierte en «rock latino», y se consolida en Suramérica. Muchas bandas surgieron durante este boom como movimientos anti-represivos, anti-dictatoriales, declarándose abiertamente en contra de las juntas militares. «Los Prisioneros», en oposición a la dictadura de Augusto Pinochet, mutaron sus canciones en himnos para opositores antidictatoriales de toda Suramérica, y se convirtieron en la banda de rock más importante de Chile.

Uno de los intérpretes más importantes en la historia del rock latino, el argentino Fito Páez, con letras melancólicas, emotivas, mezcló música clásica y rock. Otras agrupaciones de la época son «Virus» y «Soda Stereo».

Hito en argentina y en toda la movida del rock suramericano, en sus primeros discos Soda Stereo mezcló el Ska, e incursionó en el rock alternativo y el new wave. En los 90 se habían consagrado, pero en 1997, luego de 15 años, se disolvió.

 Las nuevas bandas demandan nuevas mezclas que dan paso a los géneros de «la revolución». Mientras tanto, en Uruguay surge el cantautor que cambiaría el curso del pop rock: Jorge Drexler. Un otorrinolaringólogo que encontraría su fuerza en la música y que se hizo mundialmente famoso tras haber ganado un Premio Oscar en la categoría «Mejor canción original» por «Al otro lado del río», su tema para la película «Diarios de Motocicleta».

Suramérica experimenta diversos géneros que se desprenden del «rock latino», con una variedad musical que cambió el rock en el continente y situaría a sus intérpretes entre los más importantes del movimiento mundial. 

Empiezan a aparecer bandas que mezclan el rock con ska, reggae, punk y hasta rockabilly.

En Venezuela, el rock tenía un origen más pesado, con bandas que incursionaban en el new wave y el heavy metal. «Power Age» fue el grupo pionero del movimiento, formado en 1978. No obstante, bajo el nombre de Power Age la banda no grabó discos, y en 1981 cambian su nombre por «Arkangel», hito del rock en Venezuela. 

A pesar de la importancia de «Arkangel», «Sentimiento Muerto» y «Zapato 3», la agrupación más importante en la historia del rock venezolano fue dominada por el Ska. Desde su inicio, «Desorden Público» se opuso a las condiciones sociopolíticas, la desigualdad y el racismo. En 1988, su canción «Políticos paralíticos» fue prohibida en la radio por el gobierno venezolano, y con ese sentimiento anarquista resuena todavía.

A finales de los 80 surgen en Venezuela, los «Amigos Invisibles» y «Caramelos de Cianuro». Considerada la banda venezolana con mayor proyección internacional, los «Amigos Invisibles» fusionaron el rock con géneros como el Acid Jazz y el Funk, y se establecieron en Nueva York en 1997.

Con agrupaciones que incursionan en todos los géneros del rock, como «Tomates Fritos», «Los Mentas», «Charliepapa», «Los Mesoneros» y «Dischord», Venezuela es uno de los países con más bandas promesas en Suramérica. Dischord fue telonero del mundialmente conocido «Metallica», en su presentación en Caracas el 12 de marzo de 2010.

De regreso a La Meca del rock latino, los «Enanitos verdes», «Rata Blanca», «Ataque 77» y «Babasónicos» demuestran que Argentina es rock. En 2007, al cumplirse 10 años de su separación, y en una gira continental titulada «Me verás volver», Soda Stereo se reagrupó para reunir a más de un millón de seguidores. 




Periodismo es literatura

Alexandra Perdomo
Maracaibo, julio 2010
 
En una sociedad que ha dividido la escritura en literatura y periodismo, los escritores han menospreciado el periodismo durante siglos. Del afán de unir ambos géneros, nace el periodismo literario, sospechoso para algunos; magnífico para otros.

Más de uno está en contra del periodismo literario, pues no conciben que un trabajo periodístico se convierta en obra literaria, como sucedió con A sangre fría (1966), de Truman Capote, que algunos consideran la primera novela de no ficción, aunque sabemos que dejan por fuera a otros autores.

Capote es sacudido por el asesinato de una familia de Kansas, y se dedica, durante 6 años, a recopilar la información posible, para lo cual se involucra con los familiares de las víctimas, los agentes policíacos e incluso con los asesinos.

Le llaman novela de no ficción en vez de reportaje porque recurrió a elementos ajenos al periodismo. Está basada en hechos reales, pero también se le adjudica la apreciación propia del autor, atreviéndose a emplear situaciones no verídicas para complementar la historia y darle el tono de novela.

Quien escribe periodismo literario camina frente a esa guillotina de doble filo que es la crítica por igual de periodistas que menosprecian la literatura y escritores que encuentran sus obras indignas porque no dejan de ser periodismo. De cualquier modo, podemos estar de acuerdo en que el periodismo de todos los días y el literario se encuentran en el gesto informativo.

Hay quienes consideran que periodismo y literatura se diferencian de manera irreconciliable en la necesidad del periodista por «alcanzar» la objetividad, y la del escritor por expresar su subjetividad. Lo cierto es que mientras el periodismo llega a ser agresivo, técnico, «objetivo» y busca la fórmula sencilla y rápida que permita vender más ejemplares; el periodismo literario es artístico, reflexivo, analítico y subjetivo.

Según otros, sin embargo, el periodismo literario debe seguir en la búsqueda de la exactitud ya que, al valerse de hechos reales, tiene mayor impacto sentimental en el lector. La calidad de la obra vendrá dada por el poder del autor de sumergirse y conocer un cúmulo de cosas, en la medida en que pueda vivirlas y sentirlas para, naturalmente, poder escribir sobre ellas.
En «Periodismo literario: las dos habitaciones de la casa», Alberto Salcedo Ramos ofrece un listado de lo que no es el periodismo literario: «no es un instrumento para falsear la realidad, ni para inventarla. Y tampoco es un pretexto para reemplazar la información con metáforas. No es la poetización gratuita, aquella que se regodea detallando los pétalos de un geranio visto a través de la ventana, justo en el momento en que el protagonista de la historia acaba de machacarse un dedo con el martillo. El periodismo literario no consiste en perder el tiempo viendo las nubes que viajan detrás de los cerros remotos».

De lo que sí podemos estar completamente seguros es de que el periodismo literario busca enriquecer el oficio, ampliarlo al mundo literario, y, sobre todo, demostrar que lo más importante de una noticia no es el número de muertos.

Covecos. Otras formas de hacer universidad

Alexandra Perdomo
 Isla de Margarita, 2011


El Congreso Venezolano de Comunicación Social (Covecos), en su 8va edición —La TV—, realizado entre el 30 de mayo y el 3 de junio, permitió a algunos estudiantes de diferentes universidades del país, actualizarse con respecto a las nuevas maneras de hacer televisión y lo que acontece en términos legales con el medio de comunicación masivo de mayor repercusión, su poder como formador de opinión y como factor alienante. 

Covecos [http://www.elgrupo.com.ve/] es un congreso dirigido, principalmente, a estudiantes de Comunicación Social, pero gracias a que en cada edición se sirven de una temática de interés para las distintas áreas de la comunicación social, puede resultar atractivo para otras carreras afines a la comunicación, como por ejemplo las relaciones públicas o el periodismo. Se lleva a cabo todos los años, desde el 2004, en el estado Nueva Esparta (isla de Margarita), Venezuela, como la reunión anual de la Fundación Civil «Conferencia Venezolana de Comunicación Social», avalado académicamente por la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA) y el Colegio Nacional de Periodistas, Seccional Zulia.

La convergenia
El congreso sirve como encuentro entre estudiantes y comunicadores sociales. El participante tiene la oportunidad de interactuar, conocer y aprender directamente del profesional. Es el hecho más destacable de Covecos ya que, más allá de preparar y dictar ponencias profesionales, brinda la oportunidad de la conversación abierta, de la interacción —sumamente apreciable— entre el estudiante y el ponente. No sólo se les verá dentro del salón de conferencia, pues también se les verá interactuando en los espacios recreacionales propios del lugar donde se desarrolla.

En esta edición, dedicada a la TV, el congreso contó con ponencias de diferentes profesionales. Entre los más destacados, se puede mencionar al reportero de la conocida cadena televisiva venezolana, «Venevisión», Gustavo Velazco, quien introdujo, para muchos de los asistentes, el concepto de «TV Digital» en Venezuela. También entre ellos, el conocido director y productor audiovisual, Héctor Barboza, que explicó uno a uno los pasos para llevar a cabo una producción televisiva exitosa, o al menos bien producida. 

Pero Covecos no se limita a presentar ponentes venezolanos. También contó con la participación de Graham Meikle, director del programa de Medios y Cultura de la Universidad de Stirling (Escocia), donde también se desempeña como profesor en la cátedra de medios digitales. Ésta fue su segunda participación en el congreso, ya que en la edición pasada también fue ponente. En esta edición, presentó ciertas actualizaciones que ostenta la televisión del siglo XXI empleando como plataforma los nuevos medios online, como lo menciona en su último libro «News Online. Transformations & Continuities».

Como valor agregado —y es aquí donde se presenta la autenticidad del congreso— no sólo hay ponentes profesionales. Los participantes también tienen la oportunidad de hacer Covecos, presentando sus muestras estudiantiles. En esta 8va edición, tres representantes de la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA) presentaron sus ponencias referidas a la televisión. La primera de ellas fue Carmen Pernalette, quien aportó posibles explicaciones sobre el auge de los Reality Shows. Le siguieron Alexandra Perdomo y Miralvis Ruza, quienes presentaron una propuesta en cuanto a la «ideologización en la televisión», partiendo del enfoque teórico de Noam Chomsky en «El Control de los Medios de Comunicación». 

Los premios CVC
Covecos cuenta con una premiación que sirve como escenario para la promoción de trabajos audiovisuales, con la que busca incentivar la excelencia académica en los participantes: los premios CVC. Y es que para eso también da el congreso, no sólo para compartir conocimiento con sus participantes, sino también para motivarlos a trabajar, a destacar, a hacer universidad. 
El premio CVC de este año se le otorgó a una representante de la Universidad Rafael Belloso Chacín, Vanessa Peña, por un documental que realizó sobre el «Ultimate Frisbee». Y, por primera vez, Covecos otorgó una Mención Honorífica a Mariela Nava, estudiante de la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA), por su documental «Relleno Sanitario».

Covecos 9 
Hace sólo una semana se llevó a cabo el congreso, y ya se está trabajando en el próximo. Es un proyecto que lleva un año de pre-producción. En una entrevista realizada al Coordinador General de Covecos, Radamés Larrazábal, adelantó que la temática del año próximo será la Industria Cultural, un tema que le compete de lleno a los comunicadores sociales y que abarca todos los medios de comunicación existentes.

Si algo han aprendido los organizadores del evento con el pasar de 8 años, es que con cada congreso hay más detalles que afinar y más objetivos que plantear. Para el próximo año emplearán nuevos métodos de convocatoria para los estudiantes, además de una nueva gama de rubros comunicacionales con los cuales piensan crear nuevas premiaciones para incentivar y motivar a los participantes a que cada vez se involucren más con el congreso y sientan que son ellos quienes hacen Covecos, que es su finalidad.

También se perfeccionará el método de selección de las ponencias, tanto de profesionales como estudiantiles, con el fin de apuntar a la cúspide de la excelencia académica, para brindar la mejor calidad expositiva a los participantes.

Despedir Covecos 8 trae consigo la emoción de darle la bienvenida a Covecos 9, de esperar que inicien su promoción, de conocer las innovaciones que traerá consigo esta nueva edición, pero, sobre todo, de volver a tener la oportunidad de idear otras formas de hacer universidad.